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Mi cumbre número 27 dentro del listado de las 50 Cumbres mas Prominentes del Mundo. Con sus 5,671 metros sobre nivel del mar, es el monte más alto de Oriente Medio y el volcán más alto de toda Asia. Está situado en la cordillera de los montes Elburz, a 89 kilómetros de Teherán en el distrito de Larijan. Es la doceava cumbre mas Prominente del Mundo.
Llegar a la cumbre del Damavand, la montaña mas alta de Irán, no es sólo una expedición alpinista, es un reto a la soledad e incertidumbre.
Todo empezó al salir de Guatemala el 8 de abril lleno de ilusiones e incertidumbres de lo que me depararía un polémico país como Irán, un país que me impidió por mas de un año entrar a su tierra y escalar el famoso volcán, esto por razones políticas principalmente. Pero eso quedó atrás, finalmente los permisos y contactos están hechos gracias a una gran persona allá en Irán. Llegó el momento, y esto fue al bajar del avión que me llevó a la milenaria ciudad de Teherán, ciudad capital de Irán, pasada la medianoche del 10 de abril de 2010.

Al salir del aeropuerto, me reuní con mi contacto local Ardeshir Soltani, quien me ha ayudado enormemente para poder conseguir el consabido permiso de ingreso al país y de escalar el Monte Damavand, es una excelente persona con gran carisma, orgulloso de sus raíces persas y de su Monte Damavand.
Inmediatamente después de los saludos pertinentes, nos subimos a su carro para recorrer 35 kilómetros hasta la ciudad, luego atravesar la gigantesca ciudad de poco mas de 15 millones de habitantes, que a esas horas de la madrugada hay poco tráfico, luego, 90 kilómetros mas por la carretera que va al Mar Caspio (al Norte) es curioso, y curioso es también bajarse en un pueblecito polvoriento, en medio de la carretera, ambientado por algunas pequeñas tiendas muy iluminadas en mitad de la nada. Nadie habla otro idioma que no sea el farsi, no hay rastro de montañeros ni pistas que me digan que estamos en el lugar apropiado, por supuesto ningún extranjero. Pero me consuela la impresionante vista de las montañas circundantes, aún lejos pero tentadoras que lucen hermosas bajo la luz de la luna.
Finalmente cerca del amanecer paramos a desayunar (cabezas de carnero) en la región de Reyneh, último sitio habitado en el acceso a la cara Sur del Monte
Damavand, al que se llega desde el pueblo de Polur. Los iraníes son agradables y hospitalarios y hacen grandes esfuerzos para hacerse entender en inglés, lo que en aquel mundo “farsi parlante” se agradece enormemente.
Para el éxito de la escalada, en esta época que recién finaliza el invierno, es indispensable el equipo básico de una ruta invernal, ya que la nieve es omnipresente, el frío llega a -35º C Hay complicaciones como que el día de cumbre hay que superar cerca de 2,000 metros de desnivel acumulado en muy pocos kilómetros. La mayoría de los iraníes que lo intentan bajan frustrados por la dureza, el frío y el mal de altura.
En Polur no hay hotel, pero la recóndita estatua dorada de un montañista señalando en dirección al Monte Damavand nos indica que estamos en el lugar apropiado. A las afueras del pueblo hay un ¡albergue de la federación Iraní!, con agua caliente, cocina, rocódromo, tenis de mesa y habitaciones “decentes”. Llegar hasta allí en el carro de mi amigo Ardeshir Soltani fue todo un acontecimiento.
Allí nos quedamos a descansar y dormir el resto del día domingo. Mientras esperamos la llegada de mi compañero de escalada, que será el montañista iraní Majid Doroodgar, experimentado y gran conocedor de la región.
En el refugio se “disfruta” de una tremenda soledad (a partir de ahora será constante) y de Alí, el encargado del lugar, un hombre mayor agradable y discreto que se encarga de mantenerlo.
Al final de la tarde del domingo llega Majid Doroodgar al refugio. Luego en Polur aprovechamos para comprar lo mínimo que pudiéramos necesitar: pan sin levadura como el de la Biblia, galletas, alguna latas de sardinas... probamos las “maxigomino” las que parecen alfombras de carro y que son estupendas como alimento energético. En el pueblo hay lugares que ofrecen arroz, té y kebab de cordero, cordero en trozos, en salchicha, y otras formas distintas de presentación de lo mismo… cordero. También hay un yogurt artesanal, a veces con ajo y perejil, que no es el postre, sino para mezclar con el arroz. Para mi sorpresa en Polur hay grandes contenedores a los que cae agua, y en su interior hay truchas de las cuales puedo escoger una y comérmela.
Muy temprano en la madrugada del lunes 12 de abril nos despedimos de Ardeshir Soltani y Ali en el albergue. A partir de ese momento empezamos la aproximación al Monte Damavand, caminamos todo el día (como 25 kilómetros) hasta un refugio a 2,975 metros sobre nivel del mar, donde hay una Mezquita de cúpula dorada.
Bordeamos cortados precipicios espectaculares, nos frotamos las manos con la vista de la montaña y descubrimos familias de nómadas que vienen a que sus ovejas pasten en los verdes prados. Se alimentan de pan, leche y queso y viven en tiendas de lona marrón idénticas a las que se utilizan en otras partes del mundo, como en el Sahara o las estepas andinas.
Pasamos la noche allí, al día siguiente empezamos a caminar tras una roca donde parecía salir una vereda en dirección a la montaña. El camino discurre sobre una impresionante lengua de lava negra, pero prácticamente todo cubierto de nieve floja a cuyos pies se extienden los pocos verdiales que quedan a esas alturas. Justo en frente, la cumbre se imponía todo el tiempo, a veces se ponía caprichosa y nos mandaba una fuerte ventisca con frío congelante y desgarrador... Calma... ya veremos si se pasa...El refugio vivac está enfrente, se ve casi todo el tiempo, incluso de noche, porque los iraníes, que en la montaña no conocen el reloj, son capaces de empezar a andar a las 6 de la tarde después de todo un día de vagancia.
Finalmente después de 6 horas llegamos al refugio vivac a 3,980 metros sobre nivel del mar, está en condiciones habitables. Caben unas 30 personas, hay agua a unos 100 metros por la vereda que desde detrás de la casa parte hacia el glaciar al Este.
La cumbre se ataca justo tras el refugio, no hay que confundirse con la que vemos en dirección Noroeste que es la de bajada. La ruta va por medio de una arista entre dos glaciares, pero mantiene un desnivel muy considerable (de 3,980 a 5,671 metros). El martes nos dedicamos a descansar y dejar que nuestro se aclimate a la altitud, recorremos y exploramos los alrededores cubierto de roca, nieve y hielo, con hermosas vistas de los valles debajo de nosotros, durante la noche destaca la enorme luminosidad generada por Teherán.
El miércoles 14 de abril decidimos sería el día de cumbre, para ello nos preparamos de madrugada y a las 5:00AM, justo antes del amanecer arrancamos nuestro ataque a la cima. A las dos horas de caminata, parecía que ya se tocaba la cumbre con la mano, se palpaba, se respiraba, pero ¡no era cierto!: era un espejismo. Y seguimos ...un paso, otro paso, dame agua, ¿dónde esta mi guante?, apresurémonos que viene otra fuerte ventisca... En lo que se puede disfrutamos del ascenso, del paisaje, de la compañía, de la soledad, y del antipático viento que se cuela por todos lados.
Siete horas de buena escalada tardamos en llegar a la cumbre. El frío hizo mella, la altura se dejó notar y un eructo de azufre nos recibió en la cumbre... pero... ¡qué cumbre más bonita!: es un círculo blanco perfecto, su cráter se da aires de gran volcán y su gran fumarola es un guiño al frío. Llenos de felicidad tomamos fotos por doquier, del cráter circundante de la cumbre, de los restos de una estatua de bronce destruida tiempo atrás, del hielo mezclado con el azufre del volcá, de la pata semienterrada de un carnero justo al lado del monumento destruido y más.
Pero la ventisca, que amenazaba como un enemigo, no nos dejó disfrutar de la vista por mucho tiempo, así que para abajo lo más rápido posible para no ser atrapados por la peligrosa tormenta.
Nos dejamos caer por la gran pala de nieve al suroeste del cráter. Hasta mitad de larguísima ladera estaba totalmente congelada: qué tensión en lo alto del impresionante tobogán, no permite un descuido. La bajada se hace dura, cuatro horas sin pausa, puse el piloto automático, pero los últimos tramos, nieve floja y profunda, hielo, roca, tierra... se hacían interminables.
Por fin llegamos al refugio pasadas las 6 de la tarde y menos mal, porque ya a esa hora las nubes no dejaban ver más allá de los 4,500 metros. Sueño, dolor de piernas, dedos entumecidos, sed, polvo...quiero beber algo.. fue cayendo la tarde.
Quedé marcado por esta solitaria experiencia: una gran montaña, un trocito de Persia, un hito en la historia y la leyenda... Agradeceré siempre al Monte Damavand la deferencia de haberme dejado alcanzar, tocar y gozar su cumbre.
Con esta cima ya llevo 27 de las 50 cumbres mas Prominentes del Mundo, lo cual no sería posible sin el apoyo de mis patrocinadores Rayovac y The North Face.
¡Gracias!
Gracias también a Ardeshir Soltani y Majid Doroodgar por su apoyo, amistad y hermandad de montaña durante mi estancia en Irán. Jaime Viñals http://www.jaimevinals.com NOS VEMOS EN LA CUMBRE!
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